domingo, 3 de marzo de 2013



El origen del número como tal, proviene de las prácticas religiosas de la ciudad de Babilonia en los tiempos del profeta Daniel. Los sacerdotes babilónicos promovieron la adoración de dioses que estaban asociados con el Sol, la Luna, los planetas visibles del Sistema Solar y ciertas estrellas relacionadas a la práctica de la astrología.

En su sistema de adoración, contaban con 37 dioses supremos. Uno de ellos, el dios asociado con el Sol, tenía supremacía sobre todos los demás. Ellos pensaban que de una u otra manera, los números tenían poder sobre los dioses que adoraban; y por tal motivo, asignaron números a cada uno de sus dioses (para poder tener poder sobre ellos). A fin de lograrlo, contaron el número de sus dioses, asignando un número a cada dios. Luego sumaron los números de cada dios (del 1 al 36) y asignaron el número resultante de esta suma al dios Sol. Al primer dios le asignaron el número 1, al segundo el número 2 y así sucesivamente hasta llegar al dios número 36. La suma de los números del 1 al 36 totalizaba 666, que fue el número asignado al dios Sol. La suma fue hecha de la siguiente manera:

1+2+3+4+5+6+7+8+9+10+11+12+13+14+15+16+17+18+19+20 +21+22+23+24+25+26+27+28+29+30+31+32+33+34+35+36= 666

Pero los babilónicos fueron aún más lejos. Ellos temían mucho a sus dioses, y pensaban que alguno de ellos podría destruírlos algún día, así que hicieron amuletos con una matriz de los números ordenada en un cuadro de 6×6, del 1 al 36. A este tipo de matriz se le conoce actualmente como “cuadros mágicos”.

Un amuleto está diseñado para cumplir un propósito mágico, y ellos evidentemente pensaban que su uso les protegería de ser destruídos por los dioses, gracias al poder de la magia.

Estos amuletos debían ser tan poderosos como fuese posible, así que para incrementar su poder, ordenaron los números de tal manera que al ser sumados en filas o columnas, siempre totalizaban 111. Por lo tanto, la suma de todas las 6 columnas y las 6 filas sumaban 666. Esta fórmula suponía una mayor protección, pues incluía al dios principal asociado al Sol, el cual estaba presente en el amuleto.

Así, el número 666 surgió de las prácticas de adoración paganas de los babilónicos y su astrología.


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