martes, 16 de abril de 2013



Es el día numero 1215 del resto de la eternidad. Mi miserable eternidad.
De saber que este sería mi destino final, nunca hubiera aceptado el trato, no habría dejado mi alma rendida en el olvido.
En el ultimo día de mi existencia, desperté harto. Harto de la mañana que me acogía con su hipócrita calor; harto del aíre que abrazaba mi soledad, como si necesitara algún tipo de lastima; harto de escuchar a los pájaros cantar como si la vida fuera feliz para alguien mas, algún empresario idiota bebiendo una tasa de café americano expreso, con su traje de Dolce & Gabbana, debajo de la estúpida sombrilla del local, con diario en mano y una mueca satisfacción; harto de saber que escucharía de nuevo al imbécil de mi jefe, que cree que no he escuchado como se jode a su secretaría y no tiene idea de como su esposa ha pasado por el falo de la mitad de los pobres diablos de la oficina, desde el obeso de Gutiérrez hasta el anemico de Sandoval.
Solo estoy cansado de mi mediocre vida, que nunca me llevaría a nada mas, no aguantaba saber que mis deudas no acabarían ni en la tumba, y no podía creer el mundo manipulado y sistemático al que nos sometían a todos.
Claro, algunos con mas suerte que yo.
Y aunque pensé en acabar con mi vida, no me podía ir solo así.
Sin haber dejado una marca siquiera en la vida mas gris y monótona con la que me hubiera topado.

Elegí el momento perfecto, Salazar, el favorito al nuevo cargo ejecutivo, celebraba su cumpleaños y hacía un tiempo que todos estaban de barberos detrás suyo.
Lo primero fue ir por el veneno, mucho veneno de rata deliciosamente escogido.
Le dije al conserje William que cerrara las salidas, era un día especial y todos tenían que estar para la sorpresa.
Corrí la voz a todos, de que organizaría una celebración especial para el cumpleaños de Salazar, asegurándome que todos estuvieran en el lugar indicado en ese momento.
Tenía hecho un vídeo especial para la ocasión, dije que serían fotos de Salazar y nosotros durante el tiempo que hemos estado trabajando aquí, y me ayudaron a poner la televisión en el lugar especial asignado, con un angulo de vista y punto de fuga aprovechable para todos.

Llego el momento, y el chico de las pizzas estaba en la entrada, le pedí a William que me acompañara a buscarlas. Una vez en el portal de la entrada con todas las pizzas puestas en el piso, le corte el cuello por detrás. El pobre hombre con esposas e hijos humildes, no se lo esperaba. Solo me preocupe por no manchar mi vestimenta, la sangre en el portal no tenía importancia.
Nadie iría allí.

Tome las llaves, que servían en todo el recinto y procedí a rociar el veneno al alimento, cada pedazo de el.
Regrese a donde estaban todos y cuando me preguntaron por William invente que su esposa tenía una emergencia y no tardaría en volver.
Los imbéciles no sabían que el pobre diablo no tenia ni móvil.
Pedí ayuda para repartir todo en partes iguales, y pedí que nadie comenzara a comer hasta tener todo listo. Me refería a las bebidas.
Había disuelto pastillas de cianuro en todas las sodas con anticipación, una vez mas pedí ayuda para repartir las bebidas en los vasos y ponerlos sobre la mesa.
Había gastado bastante en todo, e incluso usado mi tarjeta de crédito, pero no importaba. Ya nada iba a importar.

Eran las siete de la noche. Me dispuse a poner el vídeo que tenía preparado, una vez que el jefe y Salazar se unieran en la celebración. Unas palmaditas hipócritas, y un gracias del simio de Salazar.

Dentro del grupo de los que se joden a la esposa del jefe, normalmente suelen jactarse que ese mismo día lo harán. Una perra siempre esta disponible. Comúnmente, esos días salimos mas tempranos. Aunque claro, el jefe se queda a una junta privada con su secretaria.
Lo que no saben, es que desde un árbol se tiene la vista perfecta a la habitación, y los he grabado a todos en distintas oportunidades. Solía ver esas cintas en mi soledad, pero ahora de verdad me servirían.
Hice un collage de momentos cortos de todos ellos.

Mientras unos daban el primer bocado, el vídeo comenzó a correr. Decía "Especialmente dedicado a Salazar y al Jefe Ramón". Algunos cuchillearon risitas ante la pobre edición.
Ya todos comían, y pasaba en la televisión pequeños instantes de todos entrando a la habitación. Algunos enmudecieron y dejaron de comer, con todo el embutido en las bocas.
El jefe reconoció a su esposa, su casa, a todos los demás, y una expresión de incógnito recorrió su cara.
Uno intento moverse y tirar la televisión, o quitar el vídeo. Demasiado tarde.
Escenas explicitas de todos teniendo relaciones con la mujer del imbécil jefe Ramón, en las posiciones mas vulgares que el pobre rechoncho nunca pudo hacer con su mujer. Incluso un pequeños pedazo del trió que tuvo con Rosales y Piña.
Y para la cereza en el tope del pastel, Salazar con su mujer. Justo la escena en la que el jefe llega a casa, ambos lo advierten y Salazar baja casi sin ropa por la ventana, a punto de descubrir mi presencia.

Solté una gran carcajada y algunos ya empezaban a sentirse mal por la pizza, así que tomaban sus sodas, desesperados como para advertir la nueva tensión en el ambiente.
El jefe, rojo de furia, y a punto de gritar, se puso verde y comenzó a vomitar, como casi todos en ese momento. Y de igual manera, tomo algo de soda.
Salazar estaba prácticamente nadando en su vomito, y todos aquellos que bebieron la soda habían comenzado a convulsionar.
Yo disfrutaba del cómico ambiente carcajeándome.
Advertí que no todos habían comido ni bebido nada, pues solo se encontraban en pánico y comenzaron a gritar y correr a las salidas, todas bloqueadas. Escuche gritos provenientes de la entrada. Seguro encontraron el cadáver de William.

Obviamente me había preparado para esto.

Mis tarjetas de crédito la use para comprar dos semi-automaticas. Tenía licencia y había tomado clases de tiro en el servicio militar.
Pasaba sonriendo junto a los agonizantes, algunos se arrastraban pidiendo su ejecución. Por supuesto que no lo haría, era demasiado divertido verlos agonizar. Sobre todo a las mujeres.
Comencé a disparar a los que no estaban intoxicados directo al cráneo. Hombres y mujeres por igual, solo reserve a Helena y Rebecca para el final. Eran las mas atractivas y tenía en mente algo especial para ellas.
Una vez terminado, y con algunos intentos heroicos fallidos, grite a ambas. Si no querían morir debían ir hacia mi.

Mientras se acercaban sollozando y pidiéndome que las dejara ir, apuntaba a ambas en la cabeza sonriendo. Les dije que bajaran mis pantalones y me hicieran sexo oral, ambas se negaron en llanto hasta que dispare por encima de ambas, ante el susto se agacharon y procedieron. No tardo mucho para que Rebecca mordiera uno de mis testículos, a lo que le volé los sesos. Helena aprovecho para correr, le dispare en la pierna, y mientras me recuperaba, enfurecido, del dolor, fui hacía ella. Le quite la falda, las bragas, y la viole mientras lloraba.
Claro, la policía ya estaba derribando la puerta, imposible que todo pasara desapercibido.
Ya tenía dispuestos unos galones con gasolina cerca de la entrada, solo los derrame y tire un cerillo, tome a Helena como rehén y me largue a la oficina del jefe.

El fuego se expandió y todo comenzó a consumirse, algunos policías entraron y vieron horrorizados el lugar. Habían quienes aún vivían a medias, y comenzaban a quemarse.

No necesitaba un Dolce & Gabbana, ni estar leyendo el periódico mientras tomaba café en un local caro, para sacar una sonrisa forzada de auto satisfacción.
Mi sonrisa de satisfacción era sincera, pero poco me duro.

Los policías retrocedieron, y sin meditar le dispare en la cabeza a Helena. Ya no tenía coartada, iba a morir quemado.
Pensé en dar lo que sea por no morir, y por no ser atrapado.

Dar mi alma si fuese necesario.

Escuche un susurro "¿De verdad darías lo que sea, ofrecerías tu alma por vivir?". No respondí, claramente debía estar alucinando. "Te ofrezco vida inmortal, a cambio de tu alma eterna". Dije "Claro, ¡claro!" pensando que era solo mi imaginación.

Hasta que del suelo y del fuego se formo una figura. Iba elegantemente de traje, pero su cara era negra como el vació. Yo no me podía mover.
Llevaba un libro inmenso, el cuál abrió, y saco una pluma con un tintero.
"Firma aquí si quieres vida eterna". Su voz era muy grave, casi incomprensible, y pareciera que salia de los muros que nos rodeaban y no de su... cara.
"La tinta es la sangre de aquellos que han muerto en tus manos".
Aunque en shock y paralizado, perdido en el vació de su cara, tome la pluma, le puse de la "tinta" y firme. La página estaba llena de firmas, y supondré que todo el libro se encontraba así.
En ese momento, el fuego consumió la habitación, y espere mi muerte y dolor.

Pero no fue así, y me encontré en mi nuevo hogar, esta habitación. Mi eterna prisión.
Siempre es oscura y cerrada, solo dispongo de dos velas en los extremos.
Cada día escucho gritos, siempre pienso que deben ser los demás que han firmado. Claro, en algún momento soy parte de los gritos, es imposible no gritar.
Hay muchos instrumentos de tortura y muerte en la habitación. Cada día, que en realidad no se si es un día o cuanto el tiempo que pasa, me dan a elegir entre usar alguno de esos hasta "morir", o...
Bueno, la primera vez no estaba enterado de nada.

Al llegar, estuve solo, en la oscuridad, durante mucho tiempo.
Después, de algún lugar, salieron imágenes de la vida cotidiana de distintas personas. Me gustaría regresar allí. Con el tiempo me he dado cuenta, de que ese es el propósito de esas imágenes.
Seguido, vi la muerte de gente inocente en el mundo. Nunca son los mismos... y a los que yo mate, desde la vista de ellos. Algunos me veían mientras carcajeaba.
Todo era una gran carga mental para mi.
Siguió otro momento de oscuridad.

La primera vez, y solo la primera vez, aparecieron imágenes de mi cuerpo siendo encontrado, calcinado.
Seguido de muchas carcajadas siniestras, y de nuevo oscuridad. Todos los momentos de oscuridad, fueron verdaderamente largos.

Las velas se prendieron, y me dijeron que escribiera todo lo que hice. Una ve terminado, aparecieron los instrumentos de tortura. No hice nada con ellos.

Paso un tiempo, y dos grandes figuras aparecieron en mi "celda". Me golpearon, ahorcaron, rompieron mis huesos que no se como podía tener, y me violaron un largo tiempo.
Cuando desaparecieron, las dos pequeñas velas se convirtieron en grandes llamaradas de fuego, todo se consumió en llamas, incluyéndome, sufriendo cada instante, con verdadero dolor que parece nunca acabar.

Despierto, estoy en una oscura habitación...
Todo se vuelve a repetir.

Desde entonces, comencé a escribir mas.

Tengo que matarme, lo cuál es difícil, antes de que aquellos dos lleguen y repitan ese final. El tiempo corre desde que suelto la pluma.
Después de un tiempo aprendí a morir mas eficazmente, pero los instrumentos cambian y otra técnica debo usar.
Siempre es doloroso, pero la tortura y violación, seguido del incendio, tarda mucho mas.

Cierta ocasión, escuche de gritos vecinos que lo que escribimos sube a la tierra, para que alguien mas lo lea y sea advertido. No se si sea cierto, pero no me creería una mierda si llegara a encontrarme algo así.

De cualquier forma, soy el prisionero número 26150, y comenzare a pensar de nuevo en como matarme, para que todo inicie otra vez, en mi eternidad.


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