lunes, 18 de junio de 2012



Esto es una teoría solamente, pero no debe dudarse que es totalmente viable, y ¿Por qué no? Verdadero. Pero como cualquier asunto divino, nunca podremos demostrarlo física ni totalmente.
Conocí a una niña que siempre que pasábamos frente a una iglesia para ir a los cursos extraescolares, podía percibir un aroma. Decía que no había nada que se le pareciera, pero ese aroma le traía una inmensa paz. Años después comprendí que ella podía oler a los ángeles. Contrario a los que muchos piensan, los ángeles tienen un aroma desconocido, pero gratificante, no a rosas como dicen las creencias populares, los que huelen a rosas son los demonios en realidad. Yo nunca pude percibir ese pacífico olor.
Pero pude oler las rosas.
Según lo poco que aprendí después de un extraño acontecimiento en mi vida, una persona que puede oler a los ángeles es un Enviado de Dios, el cual tiene una misión muy importante en la tierra. Sus almas fueron diseñadas para percibir sólo lo puro, seres humanamente "perfectos".
Pero, yo nunca pude oler a los ángeles, por más que me esforzara. Sólo pude oler las rosas.
Pero, es obvio que sabes cómo se selecciona a un Enviado de Dios. Pero te apuesto a que no sabes cómo es que Satán selecciona a sus Enviados. Permíteme contar mi propia experiencia.
Cuando era niña, un día en la salida de la escuela empecé a ver a un enorme perro de color negro. Era inmenso, tan grande que causaría terror a cualquiera que lo viera. Me acerqué a él, y al ver lo dócil que era, decidí preguntar quién era el dueño, para pedirlo y sacarlo a pasear ese día. Al primer adulto que se me cruzó le pregunté. Pero no podían ver nada, sólo yo podía ver a ese enorme y tranquilo perro.
Día con día me siguió a casa, aunque se quedaba de pie hasta la esquina de la calle, como si fuera hasta donde se le había permitido llegar. Se quedaba estático, sacando su lengua y jadeando, como diciéndome Nos veremos mañana. Pero lo que me extrañaba era que siempre el perro tenía un fuerte aroma a rosas.
Así era a diario, llegar a la escuela con el perro que me esperaba en la esquina. Llegar a casa con el perro que me dejaba en la esquina. Siempre sentía su mirada vigilante, su mirada fija en mí hasta que entraba a la casa, pude observarlo varias veces por la rendija. Cuando veía que entraba, esperaba un rato más y luego regresaba a su lugar corriendo.
Al cabo de mes y medio me acostumbré a su presencia y su compañía, pero a lo que me acostumbré desde la primera vez que lo vi fue de su aroma a rosas. Era demasiado inusual que oliera de esa forma. Nadie -al menos nadie normal- perfuma a los perros, y menos a un perro sin dueño. Al principio, cuando lo vi, pensé que podria traer alguna enfermedad, como parvovirus, sarna, alguna especie de ETS canina... Pero el aroma me dijo que estaba totalmente limpio. INMACULADO.
El último día que lo vi. El día que casi me muero. Salí de la escuela, y me quedé parada en medio de la calle, esperando al perro que no aparecía en su lugar de siempre. Ya varias personas se habían ido, pero yo seguía buscando al perro. Cuando lo vi, yo me encontraba a la mitad de la calle, él estaba igualmente a la mitad, pero lejos de mí. Fue la primer vez que lo escuché ladrar. Sonaba como desesperado, y pensando que posiblemente estaba herido, corrí hacia él. Cuando me le acerqué, él corrió hacia la banqueta, y yo tras él. Cuando lo alcancé, un auto pasó a gran velocidad, justo a donde yo me encontraba parada. Fue algo tan repentino, sentí la velocidad de aquel auto detrás de mí. Con la piel blanca y sudando frío, volteé a ver al perro, pero éste ya no estaba.
Desde ese día, he burlado a la Muerte en diversas ocasiones, pero en todas hay una constante. Después de cada incidente pasado, siempre veo un perro enorme de color negro, y siempre siento el aroma de las rosas.
Pero, ahora, ¿A qué viene todo esto? El aroma de las rosas sin razón alguna es la manera en que los demonios anuncian su llegada. Yo he olido las rosas a lo largo de mi vida, y sin saber porqué. Cosa muy curiosa, ya que nadie -de los que conozco- puede olerlas. Sólo yo. Por tanto, así como los Enviados de Dios tienen la capacidad de oler a los ángeles, los Enviados de Satán tenemos la habilidad de oler a los demonios. En lo que parece que diferenciamos, es en el porqué nos eligieron. Los Enviados de Dios fueron elegidos porque ellos necesitaban a Dios. Pero Satán elige a los que él necesita.
¿Para qué? No lo sé. ¿Por qué? No lo sé. ¿Siempre nos protegerá, como aquel perro negro me ha protegido a mí? No lo sé. Al menos yo no me confío tanto. Tal vez haya librado tantas peripecias que pudieron acabar con mi existencia, pero nadie me asegura que mañana amanezca con esta habilidad otra vez.
Si fuimos elegidos por Satán o es sólo una coincidencia, tampoco lo puedo asegurar. Lo único que sé es que al menos yo tengo una misión en esta Tierra de Nadie. ¿Cuál es? Me toca averiguar.


 


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